La mayoría de las personas sabemos que la esclavitud es un acto inmoral, despreciable e inaceptable. A lo largo de nuestra historia se han presentado estos casos.
Ahora bien, con ¿cuánta importancia o detenimiento se ha hablado de la esclavitud espiritual? Nosotros como seguidores de Cristo hemos comprendido desde tiempo atrás que hay batallas internas diarias en cada ser humano, no es hasta hoy en día que se le ha dado la importancia en la sociedad, con otros nombres ya sea “ansiedad” “depresión” “toxicidad” entre otros.
Estas batallas internas no tienen distinción, nos atacan tanto a los jóvenes de Dios como a los que siguen siendo criaturas. Es por eso por lo que hoy te llamo a hacer una meditación en esto, ¿eres capaz de recordar la última vez que un pensamiento o emoción ataco tu perseverancia en Cristo y le diste entrada? Yo soy la primera en contestar afirmativamente. Completamente absorta en ese sentir momentáneo, permití a mi yo, ser esclavizada.
El levantarme cada mañana y hacer mi rutina monótonamente me hacía sentir esclavizada, ignorando el hecho de que estaba a una plática con mi Padre Celestial para poder salir de ese encarcelamiento. ¿Cuántas veces sabiendo la solución, conociendo la palabra, hemos decidió seguir sin actuar o dar el primer paso?
Recuerdo que colme el vaso de tanta frialdad, aparentemente sin cometer pecado alguno, pero claramente me sentía vacía sin esa comunión, sin ese refugio, sin esa libertad que el Señor Jesucristo nos dio y yo sola había alejado todo eso por un pensamiento que me hizo esclava. En ese momento que logré reaccionar y volví a mi Padre con total alegría de haber roto ese pensamiento de esclavitud, me hizo pensar en esto: Ser prisionera de algo te hace obediente, toma el control de tus emociones y pensamientos y simplemente asientes a lo que te domina. Recordé como Pablo hablaba de esto en Gálatas 4:3 habla de nuestra esclavitud a las cosas de este mundo en ese capítulo más adelante menciona en el verso 9 el cómo aun conociendo a Dios queremos volver a esos principios ineficaces y sin valor.
Finalmente, en el capítulo 5 habla que Cristo nos liberto, no momentáneamente, si no para que viviéramos en libertad siempre. El Espíritu Santo no pudo ser más claro que el agua, en ese momento finalmente acabe en Efesios 3 “Por esta razón yo, Pablo, Prisionero de Cristo Jesús…” La mejor Libertad que nos pudo dar Cristo es hacernos sus prisioneros, sus esclavos, sus seguidores.
Esto dejo en claro que lo único a lo que debo atarme sea a mi Padre. en Cristo funciona porque por el amor de él somos transformados y entendemos que estas leyes espirituales funcionan igual de bien que las leyes terrenales dentro de un país, sin límites no existe paz, sin reglas no hay orden, sin esclavitud en Cristo no hay libertad.
