Dignidad es el respeto y la estima que todos los seres humanos debemos tener por nosotros mismos y por los demás.
La dignidad humana es innata, positiva; fomenta la sensación de plenitud y satisfacción, reforzando la personalidad.
Se habla de dignidad si las personas en su manera de comportarse, lo hacen con decencia, caballerosidad, nobleza, decoro, lealtad, generosidad, hidalguía y pundonor; por ende, la dignidad no se transa.
Puedes caer en la trampa de querer agradar a otras personas, o permitir que determinada cultura haga que tus metas cambien, y sin darte cuenta permites que otros elijan por ti.
Cuando decides agradar a los demás y decir SI cuando en realidad quieres decir NO, es cuando comienzas a dar lugar a la frustración.
El ceder tus metas por agradar a los demás puede generar en ti un sentimiento de culpa que radica en no estar haciendo lo que tú deseas; es un sentimiento de haberte fallado a ti mismo.
No disfrutas porque te sientes frustrado por no haber hecho lo que realmente tenías ganas de hacer.
Tal vez no llegas a cumplir tus objetivos porque siempre estas intentando lo mismo y no logras el resultado que deseas; se ser así, haz otra cosa.
Usa la sabiduría que hay en tu interior para saber qué debes hacer y comienza a bosquejar las estrategias que te van a permitir alcanzar tus metas.
