Cuando Dios comienza a sanar lo que nadie ve, lo podemos considerar como una batalla interna.
El cristiano que conoce la Teoterapia, entendida como el tratamiento de Dios para la totalidad del ser, descubre que la vida espiritual también implica enfrentar batallas internas. Estas se manifiestan en espíritu, alma y cuerpo, y requieren permitir que Dios restaure cada área conforme a su diseño.
1. Batalla por la identidad.
Las heridas, rechazos, culpas y experiencias del pasado pueden distorsionar la manera en que una persona se ve a sí misma. La Teoterapia conduce a reemplazar esas creencias por la verdad de Dios: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17).
2. Batalla entre la carne y el Espíritu.
Aunque el espíritu ha sido vivificado en Cristo, la mente, las emociones y la voluntad necesitan un proceso continuo de renovación. La Teoterapia no busca simplemente controlar conductas, sino permitir que el Espíritu Santo transforme desde adentro: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).
3. Batalla por el gobierno del corazón.
El mayor desafío es pasar del egocentrismo al teocentrismo: dejar de colocar al “Yo” en el centro para reconocer a Cristo como el centro de nuestras vidas.
Así, la Teoterapia es un camino de sanidad, renovación y restauración, donde Dios lleva al creyente, de las heridas hacia la identidad; de la lucha hacia la dependencia y del egocentrismo hacia una vida conforme a Su propósito.
