La ansiedad es un estado mental, es una mezcla de preocupación y de miedo intenso ante situaciones cotidianas.
La ansiedad se vuelve tóxica cuando vivimos ansiosos, cuando se convierte en un temor excesivo e irracional, ante las situaciones que afrontamos diariamente.
Una persona que vive ansiosa fácilmente se desanima, se pone triste, incluso se va a deprimir; o se va al otro extremo, a vivir completamente acelerada.
Ambos casos van afectar, negativamente, su entorno y a las personas que le rodean, generando problemas interpersonales.
Las emociones están para sentirlas no para que nos dominen, porque al momento de hacerlo se vuelven tóxicas. Por eso debemos recrearnos frecuentemente con emociones positivas y éstas se van a reflejar en una mejor autoestima, bienestar y resiliencia frente a la adversidad.
Muchas veces dicen “estoy tranquilo” pero esa tranquilidad es aparente porque, a la larga, aparecen enfermedades que no tienen causa física u orgánica y estas enfermedades son una clara llamada de atención que, probablemente, estén ansiosos ya que la ansiedad no solo afecta tu mente y tus emociones, también afecta tu cuerpo.
En estas circunstancias, quizás quieran escapar de personas o situaciones que los están afectando, pero deben enfrentar esa realidad porque, aunque lo nieguen o lo quieran ocultar, el cuerpo tiene conciencia de ello y lo asimila, lo que se conoce como somatizar.
Cuando la ansiedad es toxica se busca calmarla y para ello, lamentablemente, recurren a trabajar en exceso o, lo que es peor, a consumir fármacos.
Pensar y preocuparte continuamente por el futuro respecto a lo que puede llegar a pasar, que por lo general no ocurre nunca, es agotador.
Nuestra mente necesita descanso, démosle un poco de paz y verás que cuando logres relajarte, todo aquello que te causaba esa ansiedad desmesurada, estará bajo tu control
