“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”
Romanos 13:1
Autoridad es una palabra que en los tiempos en los cuales vivimos, se ha convertido en una posición de privilegio que tienen algunas personas. La rebeldía, la autosuficiencia, y el transgredir contantemente los limites establecidos, son moneda corriente en todas las edades y niveles sociales y en ciertas oportunidades hasta dentro de las Iglesias se debe enfrentar a estos conflictos.
En cuanto a la autoridad Espiritual, la palabra de Dios es muy clara. Dios es la máxima autoridad y el delega esa autoridad para que sea ejercida por el hombre. Lo que jamás delega Dios es su responsabilidad con respecto a sus hijos, sus siervos y aun a los desamparados.
Obediencia y sumisión son términos en los cuales el hijo de Dios debe ser ejercitado y renovado en el entendimiento, para poder representar a Dios en el ejercicio de su autoridad.
Es por eso que quien anhela ser una autoridad primero y principal debe:
- Reconocer y sujetarse a Dios como máxima autoridad en toda la creación
- Vivir bajo sujeción a Dios y su palabra
- Aprender obediencia total a Dios
- Imitar el modelo de Cristo como cabeza de la Iglesia
- Y en su hogar ser molde y ejemplo para su familia.
