“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse “Santiago 1:19
Enojo se denomina al sentimiento desagradable que experimentamos cuando nos sentimos contrariados o atropellados por las palabras, las acciones o las actitudes de otros.
Cuando hablamos del matrimonio, es pues licito que el conyugue se enoje, más sin embargo la amonestación es a que no degenere el enojo y la amargura, es decir no permitir que el enojo se mescle con el pecado, el verdadero pecado es el enojo no resuelto.
Por esta razón el Apóstol Pablo amonesta y dice en Efesios 4:31 “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira y amargura, gritos y calumnias, junto con toda maldad”.
El enojo es una de las causas más comunes y principales que causan el divorcio y el mayor ladrón del amor en la relación matrimonial.
Es importante ir a la raíz del enojo, en el interior pueden estar conflictos no resueltos, o frustraciones vividas en el pasado, que traen como consecuencia el reaccionar con agresividad y enojo.
Debemos acercarnos a Dios en oración, con un genuino arrepentimiento y con un corazón dispuestos a recibir la sanidad.
En Filipenses 4:7 nos dice: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
