El Líder que derriba gigantes

gigante

Es común escuchar en las conferencias de los grandes motivadores, que el secreto del éxito está en el desarrollo de una mente positiva. Se estimula al desarrollo de la fuerza interior, concentrándose en las capacidades individuales, llevando a que se enaltezca y fortalezca el yo, es decir, el ego.

Así es como comienza a levantarse un gigante: Una imagen aparentemente sólida y estable, admirable. Sin embargo, más allá de lo que se ve, muy adentro, hay un grave peligro que la hace efímera. Esto sucede, porque el yo es limitado y vulnerable.

Se necesita entonces algo más: el Espíritu que da vida al alma, la sostiene, la sana, la libera, la equilibra, la fortalece permanentemente.

 

Miremos algunas características de los gigantes del mundo de hoy:

  • Su única meta va dirigida a “hacer” un buen nombre, y no a “SER” el molde y ejemplo que enseña con su estilo de vida
  • Llegan a tener éxito en ciertas áreas de sus vidas. Aunque hay resultados puntuales, no hay una vida de fruto permanente en todas sus áreas

 

Miremos algunas características de los líderes de convicción:

  • Deposita la fe en Dios y en sus promesas (2 Samuel 22:3)
  • Experimenta paz interior; no por lo que vemos, sino de lo que oímos. Se sostiene como Moisés, viendo al invisible (Isaías26:3)
  • Tienen una clara visión de sí mismo, la cual no depende de su apariencia, ni su fuerza o sabiduría, o el de los demás, sino por lo que Dios piensa de él o ella
  • Vive una vida equilibrada, pues fortalece sus debilidades en la Presencia de Dios, y sustenta sus talentos para ponerlos al servicio de Dios y su obra
  • Vive lleno del Espíritu Santo (Gálatas 3:2)

 

Aplicación Teoterápica

Nuestro llamado no es a ser gigantes, sino a derribar a los gigantes, con una vida de poder, amor y de fruto permanente, producto de desarrollar convicciones profundas que nos hagan hombres y mujeres que ven milagros y una vida sobrenatural, llegando así, a cumplirle a Dios conquistando hasta lo último de la tierra.