En medio de un mundo marcado por la incertidumbre, el dolor y la lucha constante, Dios levanta una verdad eterna para Su pueblo: la victoria no es una promesa futura, es una realidad presente en Cristo Jesús.
La victoria no comienza cuando vemos el milagro, sino cuando creemos la Palabra de Dios por encima de las circunstancias. El pueblo de Dios no avanza por vista, sino por fe.
Antes de que el pueblo de Israel viera caer los muros de Jericó, Dios les dio una instrucción que producía obediencia, fe y perseverancia. (Josué 6:2-5)
La caída de los muros de Jericó nos recuerda que ningún obstáculo es más grande que el poder de Dios. Cuando el pueblo obedeció fielmente, caminó en fe y perseveró hasta el final, el grito de victoria desató la intervención divina y los muros cayeron. De la misma manera, hoy podemos derribar todo muro que nos impide ver la gloria de Dios si permanecemos firmes en obediencia, fe y perseverancia. No importa cuán fuerte parezca la oposición, la victoria ya está asegurada en Dios.
Caerán los muros de la incredulidad, muros de pecado o malas actitudes,
muros en el matrimonio y la familia, Muros financieros, emocionales y espirituales.
