Transformar El Enojo

enojo

“Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio”. (Mateo 5.22 a). 

Las heridas nos hacen sentir vulnerables, y para la mayoría de las personas el enojo es un mecanismo de defensa automático. Enojarnos con nuestro cónyuge crea un muro de distanciamiento entre nosotros. Darle rienda suelta, sin control a esta emoción, solidifica una actitud equivocada y establece un hábito hostil.

Nuestra relación con Dios determina nuestra relación con nuestra pareja. El no tener las cuentas claras con nuestros semejantes nos impide estar en comunión con Dios y es un gran impedimento para nuestra vida espiritual. 

¿CÓMO TRANSFORMAR ESE MONSTRUO?

No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios” (Eclesiastés 7:9). 

Aceptar y reconocer: Es importante, porque cuando sabemos contra quien luchamos tenemos más herramientas para debilitar al enemigo. Es un error justiciarnos o echarles la culpa a otros por nuestro enojo.

Confesarla: La mejor manera de transformarlo, es hablar con Dios. Es la forma de desahogarse sin pecar, estar en la presencia de Dios nos ayuda a encontrar paz y nos da la perspectiva del Señor en cada situación.

Buscar el origen: ¿Es el YO? Esto es lo que produce el mal genio, expresado en agresión, orgullo, autodefensa, autocompasión, enojo.