Amarás a tu Prójimo

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“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

INTRODUCCIÓN:
¿Quién es mi prójimo?, le preguntó, Es el mismo cuestionamiento que aún perdura en la memoria colectiva de la sociedad, al escuchar la retórica del por qué de la violencia, que, si en la actualidad hay más violencia que antiguamente, etc. En la era de las comunicaciones al instante el ser humano se ha aislado, no solo de manera física, sino emocional y espiritual, en tiempos donde las distancias son más acortar, las brechas generacionales se han profundizado de manera exponencial.

¿Qué ha pasado con el individuo y la sociedad?
Trasladémonos unos cuantos años atrás donde no había ciudades superpobladas, donde las personas se movilizaban caminando o en semovientes, cuando al cruzarse en el camino con otro ser humano se saludaban e incluso hacían un alto y sostenían una pequeña conversación y aprovechar un ligero reposo. En otro escenario, la visita inclusiva, las personas estaban interesadas por su interlocutor, compartían experiencias y eran solidarios mutuamente. En la actualidad no hay
mucha frecuencia de compañerismo.

Aunque no quiere decir que en épocas anteriores no hubiera desinterés por el otro, en la parábola del buen samaritano un hombre legalista le preguntó de manera desafiante a Jesús, quien era el prójimo y Jesús le hace un relato bastante descriptivo, “…. Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba el hombre y viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento.

“Cuídemelo, le dijo, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva…” Luc 10:25-37.
El prójimo es aquella persona que sin distinción ni discriminación de ninguna clase le presta ayuda a quien la necesite. El discípulo de Jesucristo se debe caracterizar por mirar con misericordia a todos los hombres, puede que la primera reacción ante la injusticia o ante la crueldad que vea de parte de una persona, sea levantar el dedo acusador, señala de malvado, ante esto el actuar de nuestro Señor fue bondadoso, generoso, compasivo, ya que el miro la necesidad que había en su interior y no el resultado de esta.

Él quiere continuar manifestándose al mundo, quiere mostrarle que él continúa esperando que vuelvan a él, que su amor es inagotable y eterno, que el puente entre Dios y el hombre sigue extendido, que aún hay tiempo para aceptarlo como Señor y Salvador.

APLICACIÓN TEOTERAPICA:
Cristo desea manifestarse a través de nosotras, seamos ese prójimo, dejando que él actúe en nuestras vidas y su amor se proyecte desde nosotras como ríos de agua viva. Busquemos sin cesar la guía del Espíritu Santo las heridas de las entrepieles del alma, dando lugar a ser mujeres libres para ver milagros y presentar a Jesucristo como la respuesta que el mundo está buscando y necesita para vivir en armonía. Solo así podremos cumplir el mandamiento más importante “amar a Dios por sobre todas las cosas”

ORACIÓN SUGERIDA:
“Jesucristo, reconozco tu señorío y tu salvación, te pido que en tu bondad ocupes el lugar de privilegio en mi corazón, y reines en mi vida mostrándote a quienes te necesitan a través de mi, en tu nombre amen”