“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)
Nuestra identidad es la respuesta a una pregunta fundamental: ¿quién soy? Vivimos en una sociedad que muchas veces define a las personas por su apariencia, profesión, capacidades, errores, posesiones o por la opinión de los demás. Sin embargo, la Biblia nos enseña que nuestra verdadera identidad tiene su origen en Dios.
Génesis 1:27 declara que fuimos creados a imagen de Dios. Esto significa que nuestro valor no depende de lo que tenemos ni de lo que otros piensen de nosotros, sino de que somos creación de Dios y tenemos un propósito establecido por Él.
Cuando recibimos a Cristo, nuestra identidad es transformada, ahora somos nuevas criaturas. Ya no debemos vivir definidos por nuestro pasado, heridas, fracasos o pecados. En Cristo somos perdonados, restaurados y llamados a una vida nueva.
Además, 1 Pedro 2:9 nos recuerda que “Somos pueblo escogido, real sacerdocio y nación santa”. Nuestra identidad también implica pertenencia, propósito y responsabilidad.
Por eso, conocer nuestra identidad bíblica nos permite vivir con seguridad, dignidad y propósito.
Cuando sabemos quiénes somos en Dios, dejamos de buscar nuestra identidad en el mundo y comenzamos a vivir conforme al diseño que Él estableció para nuestra vida.
