1 tesalonicenses 5:17 orar sin cesar.
Jesús tuvo el arma más poderosa para vencer y tener poder contra las adversidades, principados y potestades.
Los discípulos solo le pidieron a Jesús “enséñanos a orar” (Lucas 11:1). Ellos no pidieron que les enseñara la pesca milagrosa, o cómo multiplicar panes y peces, o caminar sobre el agua, o resucitar muertos. Durante los tres años que convivieron con su maestro, vieron en él la prioridad de la oración, una comunión con su Padre.
Ahí está la prioridad, buscando dirección, fortaleza, sabiduría, consejo para vivir sujeto a Su autoridad y aceptando hacer solo Su voluntad (Juan 6:30).
Como dice el Salmo 55:17, “al atardecer y por la mañana oraré y clamaré y él oirá mi voz”. Esto significa que hacer la voluntad de Dios es vivir en la dirección y el propósito para los que fuimos creados.
Jesús estaba comprometido con su Padre y quería cumplir su voluntad, pero solo podía hacerlo a través de la comunión con Dios mediante la oración.
Orar sin cesar, vivir nuestro día a día de la mano del Señor hablando y dejando que él me guíe en todo lo que tenga que programar mi vida y tomar decisiones, me llevará a calmar la tempestad de mi alma, a limpiar mis pensamientos, desconfianzas, temores, incertidumbres, angustias, amargura y rencores. Pues la oración limpia y restaura, como en el caso de Ana que fue estéril, pero oraba, clamaba y derramaba su corazón a Dios en oración y súplica para que Dios le concediera ser madre, y Dios le contestó.
Aplicación Teoterápica
Sigamos el ejemplo de Jesús y recordemos que la oración tiene poder. No enfrentemos la adversidad solas, ya que la mano de Dios se mueve a través de nuestras humildes oraciones de fe.
