Dios incluye nuestras oraciones como parte de su estrategia para el establecimiento de su reino.
Dios sabe lo que necesitamos en nuestra batalla con los poderes de las tinieblas y él está más dispuesto a salvarnos y a enfrentar nuestra necesidad que nosotros a pedir.
Necesitamos ser guiados por el Espíritu en nuestras oraciones, porque sin Dios realmente no sabemos qué pedir ni cómo orar. «y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles» (Romanos 8:26).
La oración es el arma fundamental para combatir la ceguera espiritual. 1 Juan 5:14-15. La oración debe ser con autoridad, para que la luz de Dios penetre y quite la ceguera provocada por Satanás.
Otro objetivo de la oración con autoridad es el «hombre fuerte » mencionado en Mateo 12:29. No puedes rescatar a una persona de los lazos de la ceguera espiritual o de la influencia demoníaca si primero no vences a sus captores. Satanás ya está quebrantado, pero no dejará escapar a quienes piensa que puede retener, a menos que ejerzamos la autoridad que nos fue delegada por el Señor Jesucristo.
Cuando oramos, no estamos tratando de persuadir a Dios que se una a nosotros en nuestro servicio a él. La oración es la actividad en que nosotros nos unimos a Su ministerio.
La muerte, resurrección y ascensión de Cristo otorgaron la autoridad final a Jesús (Mateo 28:18). Esa misma autoridad la extendió a todos los creyentes en la Gran comisión, de modo que ellos pudieran continuar su obra destruyendo las obras del diablo (l Juan 3:8).
Nuestra ciudadanía en la tierra fue cambiada a los cielos (Filipenses 3;20). El príncipe de este mundo ya no es nuestro príncipe, porque Cristo es nuestro Señor y Rey, y a través de la oración tenemos toda autoridad para establecer el reino de Dios en cada lugar donde estemos.
