En tiempos modernos, todo está expuesto a cambios, transformaciones y actualizaciones, que no siempre vienen a contribuir al mejoramiento de la calidad de vida o las relaciones interpersonales. En la época de las comunicaciones, las familias están concentradas en sus móviles, redes sociales y pendientes ¿Cuántos me miran, o siguen? Que no fortalecen lazos afectivos sanos y duraderos.
La tan ansiada libertad juvenil, lleva a que cada uno decida según le parece. Se tiene la madurez para tener la licencia de conducir, siendo menor de edad; pero no para asumir el costo de las consecuencias. Al entrar a la preadolescencia ya se han experimentado relaciones íntimas con diferentes parejas, pero no se quiere asumir la maternidad o paternidad prematura. Es por ello que cada uno es dueño de su vida y puede decidir sobre concepción.
Las parejas han desterrado de sus proyectos el unirse para toda la vida, ya que según la psicología las relaciones tienen ciclos que se agotan o desgastan; por lo tanto, la visión de parejas es probar hasta que se cumpla el ciclo y luego cada uno vuelve a su vida.
Súmenos a esto el querer una vida de prosperidad, cuestionando y negando el Plan de Dios y sus promesas para la pareja y Familia.
Dios es fiel pero nos advierte:
“Qué aflicción para los que dicen que lo malo es bueno y lo bueno es malo” (Isaías 5:20)
