Salmos 25:7 “De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; Conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Eterno”
Cuando hablamos del rey David lo relacionamos de un corazón perfecto conforme al corazón de Dios. Pero como todo ser humano, David tuvo fallas en su carácter, errores en su proceder. Pero lo más importante es que siempre mantuvo un corazón sincero y dispuesto para agradar a Dios, estuvo dispuesto a corregir su camino y a obedecer a pesar de él mismo.
Cuando somos jóvenes y en el resto de nuestra vida estamos siendo probados a fin de perfeccionar nuestro carácter, pensamos que las consecuencias de nuestros actos que van en contra del Eterno no nos dañarán, la realidad es que todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará, no importando cuantos años tengamos.
“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:8).
Dios quiere que nos enfoquemos en tener un corazón dispuesto a obedecerlo, en un corazón limpio y generoso, en un corazón que a pesar de las fallas humanas esté dispuesto a reconocer a Dios como su Creador. Dios quiere un corazón que se humille y que reconozca las faltas, pecados que cometemos y no volverle a fallar.
A nuestra edad ya somos conscientes de nuestros actos, sean buenos o sean malos, traerán consecuencias buenas o malas. Dios nos invita a Esforzarnos por sembrar buenas obras para tener consecuencias buenas, porque ese el único camino para segar vida Eterna. Dios te bendiga
