Como profesionales buscamos tener éxito, pero muchos piensan en éxito como algo que inicia y termina en el trabajo. Sin embargo, nuestra vida profesional de éxito inicia en lo personal.
Todo cristiano tiene el mismo llamado o vocación primordial: hemos sido llamados a Jesús, por Jesús y para Jesús. Nuestro primer llamado consiste en amarlo con todo nuestro ser y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos; y como profesionales también nos corresponde ese llamado.
Los casados:
Esta expresión se refiere a un hombre y una mujer que forman una unión en una sola carne por medio de unos votos dentro de un pacto con Dios, entre sí y con la comunidad en general. En ese pacto se comprometen a amarse de forma permanente y libre, con fidelidad y de manera fructífera. (Génesis 1.28).
Los solteros:
Las Escrituras enseñan que los seres humanos hemos sido creados para la intimidad y la conexión con Dios, con nosotros mismos y con los demás. El matrimonio es uno de los marcos dentro de los cuales convertimos esto en realidad; la soltería es el otro. Aunque la soltería puede ser escogida de manera voluntaria, o impuesta de manera involuntaria, temporal o a largo plazo, como suceso repentino o desarrollo gradual.
Tal vez no hayan conocido aún a la persona correcta, o estén posponiendo el matrimonio para asentarse en una profesión o seguir estudios superiores. O tal vez sean solteros a causa de un divorcio, o por el fallecimiento de su cónyuge. (1 Corintios 7).
APLICACIÓN TEOTERÁPICA
La mayoría de los profesionales cristianos piensan que el mensaje más fuerte que damos ante el mundo es por medio de nuestro cargo, nuestro nivel económico, nuestra imagen, nuestras palabras o del servicio que les préstamos a los demás.
Hoy entendemos que nuestro matrimonio o la soltería es el mensaje más fuerte que puede dar un líder profesional sobre el evangelio, es decir que un matrimonio cristiano, o una soltería cristiana señala más allá de sí mismo, hacia algo más importante: hacia Cristo.
